Lo que aprendí moderando una conversación sobre futuros participativos en América Latina
En América Latina hemos aprendido a hablar de innovación social casi siempre desde el lenguaje del impacto, los indicadores o las metodologías. Pero pocas veces nos detenemos a pensar que la innovación social, antes de ser una herramienta, es una conversación incómoda. Una conversación que obliga a mirar aquello que está roto.
Y quizás ahí comienza uno de los mayores aportes de la conversación que lideré desde la Mesa de Innovación Social junto a Paulina Cornejo y Carla Paniagua, dos referentes latinoamericanas en diseño de futuros participativos e innovación social: entender que el futuro no se construye desde la fantasía optimista, sino desde la capacidad colectiva de reconocer las fracturas del presente.
Durante el encuentro, pusimos como idea principal que la innovación social no es el resultado final, no es la aplicación brillante, ni el proyecto perfectamente presentado en PowerPoint. La verdadera innovación ocurre antes. Ocurre en la forma en que las personas aprenden a escucharse, a construir confianza y a imaginar soluciones desde la diferencia.
El problema de los futuros construidos por unos pocos
Uno de los conceptos más provocadores del webinar fue el de “futuros participativos”. Karla Paniagua recordó una reflexión del antropólogo Arjun Appadurai: el futuro es un bien cultural y colectivo. Sin embargo, en la práctica, casi siempre termina siendo diseñado por pequeñas élites de poder.
Sucede en las organizaciones cuando los planes estratégicos son definidos únicamente por un grupo reducido de ejecutivos. Sucede también en los gobiernos, cuando las decisiones sobre el rumbo de una ciudad o de un país se toman lejos de las comunidades que habitan esos territorios.
El reto de los futuros participativos es precisamente revertir esa lógica vertical. No se trata únicamente de consultar a las personas. Se trata de permitirles construir activamente la conversación sobre el futuro.
Y ahí aparece una tensión clave: la participación real nunca es cómoda.
Porque cuando las comunidades participan de verdad, aparece la fricción. Aparecen las diferencias. Aparecen las voces incómodas. Y aparece también algo que muchas organizaciones aún temen: perder el control del resultado.
La innovación social no romantiza el futuro
En medio de una conversación latinoamericana donde muchas veces se romantiza la transformación social, uno de los elementos más valiosos del diálogo fue precisamente su aterrizaje a la realidad.
Durante la conversación insistí en un punto esencial: no se puede construir innovación social únicamente desde los discursos aspiracionales. Los procesos necesitan datos, evidencia, medición y conversaciones honestas sobre el presente.
“No romantizar ese futuro” fue una de las ideas que atravesó toda la conversación.
En otras palabras: la sostenibilidad, la innovación social y los futuros participativos no pueden convertirse en narrativas vacías llenas de optimismo corporativo. Necesitan coherencia. Necesitan conversaciones difíciles. Necesitan reconocer las grietas antes de intentar diseñar soluciones.
Y quizá por eso el modelo desarrollado por Paulina Cornejo y Karla Paniagua resulta tan disruptivo.
Tencua: convertir las rupturas en posibilidades
Durante más de una década, Paulina Cornejo y Karla Paniagua han trabajado en el desarrollo de un modelo llamado “Tencua”, una metodología de futuros participativos que nació inicialmente en contextos vecinales y urbanos en México.
La palabra Tencua significa “labio roto” en náhuatl. Y el nombre no es casual.
El modelo parte de una premisa incómoda pero profundamente humana: los procesos de transformación comienzan identificando aquello que duele. Las grietas. Las rupturas. Lo que no funciona.
Pero el ejercicio no se queda atrapado en la queja.
Ahí está una de las claves metodológicas más interesantes del proceso.
Tencua estructura la conversación en cuatro momentos:
- Identificación de las señales problemáticas o rupturas.
- Reconocimiento de actores y dinámicas del sistema.
- Construcción de escenarios futuros —uno optimista y uno pesimista—.
- Diseño de tácticas y acciones concretas para avanzar hacia el escenario deseable.
El método obliga a las personas a moverse del enojo hacia la agencia.
No para negar el conflicto, sino para transformarlo en capacidad de acción colectiva.
Romper el culto al héroe
Tal vez uno de los momentos más poderosos del webinar fue cuando la conversación giró hacia el llamado “culto al héroe”.
Ese fenómeno tan frecuente en América Latina donde pareciera que todos los procesos necesitan una figura salvadora: el CEO visionario, el líder iluminado, el político providencial o el experto que “resolverá” los problemas colectivos.
La apuesta de Tencua rompe deliberadamente con esa lógica.
En los talleres, los títulos desaparecen. No importa quién es el alcalde, quién dirige una empresa o quién tiene mayor jerarquía. Todas las personas participan desde el mismo nivel simbólico: sin discursos de apertura, sin privilegios narrativos, sin micrófonos monopolizados. Solo personas intentando entender juntas cómo transformar su contexto.
En tiempos donde las organizaciones siguen obsesionadas con construir figuras heroicas, esta lógica representa una ruptura cultural profunda: los problemas sistémicos no se resuelven desde individuos extraordinarios, sino desde redes capaces de construir confianza.
La participación también incomoda
Quizás la conclusión más honesta del encuentro fue reconocer que los futuros participativos no siempre generan conversaciones armoniosas. De hecho, la participación auténtica produce tensión. Produce desacuerdo. Produce conflict; y eso no significa que el proceso esté fallando, significa que las personas están apropiándose realmente de la conversación.
Paulina Cornejo lo resumió con claridad: los procesos sociales no se pueden controlar. Y cuando las comunidades participan de verdad, los resultados dejan de pertenecerle exclusivamente a quienes diseñaron la metodología.
Esa es quizás una de las lecciones más importantes para las organizaciones que hoy hablan de participación, innovación o sostenibilidad. No se puede invitar a la ciudadanía, a los colaboradores o a las comunidades únicamente para validar decisiones previamente tomadas.
Participar implica aceptar la incertidumbre, implica abrir espacio para la discrepancia, reconocer que las soluciones sostenibles rara vez nacen desde la homogeneidad: Innovar también es aprender a conversar
Al cierre del webinar quedó una reflexión que atraviesa hoy muchos de los debates sobre sostenibilidad, confianza e innovación social en América Latina: necesitamos aprender nuevamente a conversar.
Conversar con quienes piensan distinto, conversar desde la evidencia, conversar desde el territorio, conversar sin romantizar el futuro.
Conversar entendiendo que las soluciones reales requieren tiempo, conflicto y construcción colectiva.
Porque quizás el verdadero reto de la innovación social no sea diseñar proyectos espectaculares. Quizás el verdadero reto sea algo mucho más complejo: construir comunidades capaces de imaginar juntas un futuro posible.
Si quieres ver el webinar dale click aquí: https://www.youtube.com/watch?v=AoiUzlQUjjM&t=237s
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