Por Felipe CHAJIN on Lunes, 29 Junio 2020
Categoría: Nuestras Voces

Los falsos dilemas del COVID 19

La pandemia del COVID19 presentó un primer falso dilema - entre el peor de dos males – el cual lo describo como el sufrimiento causado por la enfermedad, la sobrecarga que genera en el sistema de salud y al final un altísimo número de muertes versus el sufrimiento causado por el impacto económico generado por las medidas restrictivas adoptadas para controlarla.

A estas alturas ya es claro que esta era una falsa dicotomía. Los países que mejor controlaron la dimensión sanitaria son ahora los que están reactivando en mayor medida sus sistemas económicos.

En este proceso, hemos aprendido que implementar medidas sanitarias extremas es una posibilidad realmente solo alcanzable para países desarrollados en donde apenas una porción limitada de la población vive del día a día, o al menos los gobiernos cuentan con la posibilidad de inyectar recursos suficientes que protejan el tejido social y empresarial.

Otro punto que hemos aprendimos, que esto puede - incluso - no ser suficiente y estamos presenciando como potencias mundiales han visto completamente limitados sus esfuerzos por dos razones adicionales:

La primera, tiene que ver la “desobediencia” de la población civil que se niega a adoptar medidas de distanciamiento y control suficientes para mitigar la tasa de contagio.

La segunda, aún más poderosa, tiene que ver con la inter-dependencia del sistema económico que implica que, así a nivel local se haya tenido una estrategia exitosa en el control o incluso en la eliminación del virus, la interacción necesaria con otros mercados implica que, hasta no tener controlada la pandemia a escala global, los efectos económicos y sociales serán devastadores en todas partes. Esta situación representa una situación única en la historia del capitalismo que requerirá de mucha colaboración y conciencia, incluso cuando tengamos en nuestras manos la solución.

El segundo dilema tiene que ver con la necesidad de las empresas de tener herramientas para gestionar su fuerza laboral de una manera flexible, que les permitan navegar el impacto en la reducción de la demanda y así evitar terminar en la quiebra. Esto versus el riesgo de que los trabajadores pierdan derechos adquiridos con sudor y sangre a través de siglos y décadas. Propuestas de jornadas de trabajo por horas, contratos y despidos flexibles son razonables bajo esta coyuntura; la pregunta es:  como podemos hacerlo sin que esto implique dejar la balanza de poder desbalanceada hacia las empresas en el mediano plazo.

La propuesta en este sentido está alineada con el aprendizaje descrito en el primer punto, necesitamos sí de modelos de contratación y de gestión más flexibles, pero que a su vez vayan acompañados de prestaciones sociales innovadoras y suficientes.

El tercer dilema está relacionado con el rol que debe jugar el sector privado frente a los grandes retos actuales de la humanidad: la desigualdad y la vulneración de los límites ecológicos planetarios. Como con el COVID19, es evidente que estos retos requieren un nivel de cooperación y colaboración nunca antes logrados a nivel planetario. Y en este caso, a diferencia de la crisis actual, los efectos, aunque más devastadores y profundos, pueden parecer menos urgentes.

También, como con el COVID19, es claro que la solución no está en manos exclusivamente de los gobiernos, la población civil o de el tercer sector.

Como la segunda institución más numerosa en el planeta, después de las familias, las empresas deben asumir un rol protagónico en ser parte de la solución de estos dos grandes retos. Idealmente esto se debe hacer desde el propósito y el “que hacer” central de las compañías y no desde una estrategia paralela y limitada de responsabilidad social. Tenemos además un marco muy poderoso de gestión y referencia para avanzar en áreas de impacto con los objetivos de desarrollo sostenible de Naciones Unidas, los cuales se pueden gestionar en las empresas con herramientas gratuitas para las empresas como el SDG action manager:
https://www.unglobalcompact.org/take-action/sdg-action-manager

El falso dilema presentado en este caso tiene que ver con la supervivencia versus la sostenibilidad. ¿Cómo podemos preocuparnos para el largo plazo, por la sostenibilidad, cuando estamos enfocados 100% en mantener la cabeza fuera del agua? El reinicio de la economía, aunque lento, está avanzando. Tener prácticas sostenibles, ser una empresa con un propósito social o ambiental y trabajar por un objetivo mas allá de las utilidades financieras, no solo hace sentido frente a nuestra responsabilidad de largo plazo, también genera beneficios inmediatos. En este artículo de MCkenzie se comparte el análisis de más de 2000 estudios académicos que han evaluado el impacto de propuestas del sector privado en dimensiones ambientales, sociales, de gobierno corporativo y en el 63% de los casos se encontraron retornos de Equity positivos y solo en el 8% negativos. También plantea consideraciones interesantes sobre como implementar el propósito en las organizaciones. https://www.mckinsey.com/business-functions/organization/our-insights/purpose-shifting-from-why-to-how

Esto sin hablar de los claros beneficios en términos de atracción de talento y compromiso laboral que logran las empresas con propósito. Por su parte en este artículo del MIT sloan management review nos explican como incluso en una situación de crisis como la actual, son los líderes “sabios” o “conscientes”  los que mejor saben aprovechar la situación para generar valor no solo en sus organizaciones, sino para toda la sociedad:  https://sloanreview.mit.edu/article/leading-with-your-head-and-your-heart/

Sobrevivir en el corto plazo no es suficiente. Pagar impuestos y generar empleos formales, aunque un buen comienzo, tampoco lo es. Si queremos incluir en el sistema económico de una manera digna a los casi 3 billones de personas que hoy en día viven en condiciones de pobreza, si queremos regenerar el daño que hemos causado a nuestro sistema ecológico planetario y sobretodo si queremos dejarle un mundo viable a nuestros hijos y nietos, tenemos que actuar ya. Los 10 próximos años son los más importantes en nuestra historia y tenemos que dar un giro contundente hacia una versión 2.0 del sistema económico. Para esto no tenemos otra opción más que adaptar las empresas a organizaciones de propósito generadoras de triple impacto: si económico, pero también  social y ambiental.  

Nota: a los interesados en conocer mejores prácticas de empresas ya implementando esta filosofía corporativa y un modelo de gestión para avanzar en la misma,  los invito a conocer el modelo de empresas B enwww.sistemaB.org o https://bcorporation.net/

La opinión expresada en esta entrada de blog es de exclusiva responsabilidad de su autor y no necesariamente reflejan el punto de vista de Pacto Global Red Colombia.

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