Cómo reportar sostenibilidad sin morir en el intento: el momento en que las empresas entendieron que ya no basta con decirlo

Escrito por: Ángela María Gómez - Hub Comunicación Responsable.
Bogotá, Colombia. Durante años, la sostenibilidad fue, en muchas organizaciones, un ejercicio de intención. Un capítulo dentro del informe anual, una narrativa cuidadosamente construida, una serie de acciones que, aunque valiosas, no siempre estaban conectadas con el corazón del negocio.
Hoy, esa etapa parece estar quedando atrás.
El taller “Cómo reportar y no morir en el intento”, liderado por EY en alianza con el Hub de Comunicación Responsable de Pacto Global Red Colombia, no fue una sesión más sobre metodologías o estándares. Fue, en esencia, un espacio para reconocer una realidad que ya no se puede ignorar: la sostenibilidad dejó de ser un discurso y se convirtió en un sistema que exige rigor, datos y decisiones estratégicas.
Lo que está en juego no es menor. Inversionistas que preguntan por riesgos climáticos antes que por utilidades, regulaciones que avanzan más rápido de lo que las empresas logran adaptarse y una sociedad que ya no se conforma con promesas. En ese contexto, reportar sostenibilidad se transforma en algo más que un requisito: se convierte en una prueba de coherencia.

Este espacio contó con la participación de un equipo de expertas que han estado en la primera línea de la transformación de la sostenibilidad empresarial. Desde EY, Valeria Garbin, Senior Manager en Sostenibilidad, Katherine Muñoz, Senior Manager en Cambio Climático y Sostenibilidad, y Patricia Mendoza, Partner en Cambio Climático y Sostenibilidad, aportaron una mirada técnica y estratégica basada en su experiencia acompañando a grandes organizaciones en la transición hacia modelos más rigurosos de reporte.
A esta conversación se sumó Ángela María Gómez, desde Pacto Global Red Colombia, quien lidera el Hub de Comunicación Responsable, articulando una visión donde la sostenibilidad no solo se gestiona, sino que también se comunica con ética, coherencia y sentido estratégico.

Sin embargo, el camino hacia esa coherencia no es sencillo.
Uno de los mensajes más potentes del taller surgió de una comparación tan simple como reveladora. Mientras que en un estado financiero es posible rastrear cualquier cifra hasta su origen en cuestión de minutos, en sostenibilidad la historia suele ser distinta: datos dispersos, procesos manuales, hojas de cálculo, registros que pasan por múltiples manos antes de consolidarse. El resultado es evidente: la sostenibilidad aún no tiene el mismo nivel de trazabilidad que las finanzas.
Y ese es, justamente, el punto de inflexión.
Porque lo que hoy se exige no es un informe más extenso ni más sofisticado visualmente, sino un sistema capaz de responder a una pregunta fundamental: ¿de dónde sale cada dato que estoy reportando?
En esa transición, el concepto de materialidad aparece como el eje que ordena todo. No como un requisito técnico, sino como una herramienta estratégica que obliga a las empresas a hacerse preguntas incómodas: ¿cuáles son realmente mis impactos?, ¿qué riesgos podrían afectar mi negocio?, ¿qué oportunidades estoy dejando pasar?
La evolución hacia la doble materialidad —que integra la mirada del impacto hacia afuera con la del riesgo financiero hacia adentro— marca un cambio profundo en la forma en que se entiende la sostenibilidad. Ya no se trata solo de lo que la empresa hace por el entorno, sino de cómo ese entorno redefine el futuro del negocio.
Y es ahí donde la conversación deja de ser reputacional y se vuelve estratégica.
Porque, en la práctica, priorizar implica renunciar. Significa aceptar que no todo puede ser gestionado al mismo tiempo y que el verdadero liderazgo está en identificar qué sí importa y actuar en consecuencia. Es también una forma de evitar uno de los mayores riesgos actuales: el greenwashing, esa tentación de mostrarlo todo sin necesariamente transformarlo todo.
Pero si hay algo que quedó claro en el taller es que la sostenibilidad no se construye desde un solo lugar dentro de la organización.
El área de sostenibilidad, en muchos casos, coordina, articula, impulsa. Pero los datos viven en finanzas, en operaciones, en talento humano, en la cadena de suministro. Son las áreas las que gestionan los impactos, las que enfrentan los riesgos, las que materializan —o no— la estrategia.
Por eso, el verdadero reto no es técnico, es organizacional.
Implica construir procesos, definir responsables, establecer controles, validar información. Implica, en últimas, que la sostenibilidad deje de ser un esfuerzo paralelo y se convierta en una lógica transversal.
En ese camino, la tecnología aparece como un aliado inevitable. Herramientas que permiten automatizar, consolidar, analizar. Incluso la inteligencia artificial empieza a jugar un rol relevante en la generación de contenido y el análisis de datos. Pero el mensaje fue claro: la tecnología acelera, pero no reemplaza el criterio. La responsabilidad sigue siendo humana.
Y tal vez uno de los momentos más reveladores del proceso no estuvo solo en lo técnico, sino en la conversación misma. En Medellín, este espacio logró convocar a más de 50 líderes y representantes de organizaciones relevantes del país, evidenciando que la sostenibilidad ya no es un tema marginal, sino una prioridad estratégica para el sector empresarial.
Como lo explica Ángela María Gómez, responsable del Hub de Comunicación Responsable de Pacto Global Red Colombia:
“En Medellín logramos reunir a más de 50 líderes y representantes de organizaciones muy relevantes, lo que demuestra que las empresas ya no están buscando solo aprender a reportar, sino a hacerlo bien.
La comunicación responsable es clave en este proceso: no se trata de construir narrativas bonitas ni de caer en marketing o greenwashing, sino de desarrollar mensajes coherentes con lo que realmente ocurre dentro de la organización. Hoy, más que comunicar sostenibilidad, el reto es sostener lo que se comunica.”
Sus palabras reflejan un cambio de fondo: la sostenibilidad no solo se mide, también se narra, y esa narrativa debe ser tan rigurosa como los datos que la respaldan.
Desde Pacto Global Red Colombia, este tipo de iniciativas buscan precisamente eso: elevar la conversación, pasar de la intención a la acción, de la narrativa a la evidencia. Construir, en palabras simples, una forma más honesta y exigente de entender el rol de las empresas en la sociedad.
Como lo sintetiza Víctor Hugo Malagón, Director Ejecutivo de Pacto Global Red Colombia:
“Hoy la sostenibilidad ya no es un tema de discurso, es un tema de gestión. Las empresas necesitan datos claros, procesos sólidos y transparencia para generar confianza. Ese es el verdadero reto.”
La frase resume, quizás, el espíritu completo del taller.
Porque al final, más allá de estándares, metodologías o herramientas, la pregunta sigue siendo la misma: ¿están las empresas realmente preparadas para demostrar lo que dicen?
El taller no ofrece respuestas simples, pero sí deja una certeza.
El futuro de la sostenibilidad no se escribe en los reportes. Se construye en las decisiones que las organizaciones toman todos los días.
Más Información:
Ángela María Gómez Duque, Coordinadora de Comunicaciones
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Fuente: PACTO GLOBAL RED COLOMBIA