COLOMBIA ENFRENTA EL DESAFÍO DE GARANTIZAR SU SOBERANÍA ENERGÉTICA EN MEDIO DE LA TRANSICIÓN

ColombiaSoberaniaEnergetica 7aaedccf608ce9a3Foto: Felipe Bayón, CEO GeoPark.

La pérdida de autosuficiencia en gas, las necesidades de nueva generación y los retos de infraestructura abren una discusión sobre cómo garantizar energía confiable y competitiva para el país mientras se avanza en la reducción de emisiones.

Bogotá, agosto de 2026. ¿Cómo garantizar que Colombia tenga la energía que necesita durante las próximas décadas y, al mismo tiempo, avance hacia una economía con menores emisiones?

Esta fue una de las principales reflexiones planteadas por Felipe Bayón durante su participación en el XVI Congreso de Pacto Global Red Colombia, donde puso sobre la mesa los desafíos que enfrenta el país en materia de abastecimiento, infraestructura, transición y soberanía energética.

Colombia, señaló Bayón, perdió la autosuficiencia de gas que mantuvo durante varias décadas y actualmente alrededor del 35 % del gas consumido en el país es importado. A esto se suma la dependencia parcial de combustibles importados para atender la demanda nacional.

El escenario lleva a una discusión que va más allá de una tecnología o fuente energética particular: ¿cómo puede Colombia aprovechar responsablemente sus recursos y disminuir su vulnerabilidad frente a las importaciones?

Para Bayón, la respuesta pasa por recuperar el concepto de soberanía energética: que cada país pueda utilizar, en la medida de sus posibilidades y bajo estándares ambientales y sociales, sus propios recursos para atender sus necesidades.

Una transición que necesita garantizar la oferta

La transición energética implica transformar progresivamente la matriz, pero también garantizar que exista suficiente energía para responder al crecimiento de la demanda.

Según las cifras presentadas por Bayón, Colombia debería incorporar entre 2.000 y 3.000 megavatios de nueva capacidad de generación cada año. Sin embargo, en años recientes habrían entrado entre 200 y 300 megavatios anuales.

A este desafío se suma la infraestructura. Algunos estudios citados durante la conferencia estiman que Colombia tendrá que reemplazar alrededor de 15.000 kilómetros de líneas de transmisión de alta tensión durante los próximos 15 años, una tarea que demanda inversiones, licenciamiento, concertación territorial y capacidad de ejecución.

El planteamiento es avanzar hacia una matriz diversificada en la que distintas fuentes puedan cumplir funciones complementarias.

Hidroelectricidad, energía solar, eólica, geotermia, energía nuclear e hidrocarburos hacen parte de una conversación que, según Bayón, debería concentrarse especialmente en cómo reducir las emisiones y los impactos asociados a cada actividad.

“El problema no es la fuente, el problema son las emisiones”, sostuvo durante su intervención.

Reducir emisiones mientras se garantiza energía

La reducción de emisiones representa uno de los principales desafíos para el sector energético.

Bayón presentó como ejemplo la experiencia de GeoPark, que ha reducido aproximadamente 35 % la intensidad de emisiones de sus operaciones, pasando de una línea base de 14,3 kilogramos de CO₂ por barril a 9,3 kilogramos.

Para el ejecutivo, esta evolución demuestra que las operaciones existentes también pueden incorporar innovación y tecnología para disminuir progresivamente su impacto climático.

La discusión energética colombiana, sin embargo, también está marcada por los tiempos.

El país cuenta con importantes recursos de gas en el Caribe y descubrimientos que podrían contribuir al abastecimiento futuro. De acuerdo con Bayón, algunos de estos desarrollos podrían estar disponibles hacia 2031 o 2032, lo que deja abierta la pregunta sobre cómo atender la demanda mientras esas nuevas fuentes entran en producción.

Las experiencias internacionales entran en la conversación

Para ilustrar las decisiones que otros países han tomado frente a escenarios de escasez y dependencia energética, Bayón presentó los casos de Estados Unidos y Argentina.

En Argentina recordó que, en 2007, el país llegó a suspender exportaciones de gas hacia países vecinos debido a dificultades de abastecimiento. Años después, el desarrollo de recursos no convencionales, particularmente en la formación de Vaca Muerta, en Neuquén, modificó sustancialmente su panorama energético.

Según las cifras expuestas durante la conferencia, esa formación produce actualmente más de 600.000 barriles de petróleo diarios y Argentina está desarrollando infraestructura e inversiones para ampliar su capacidad de exportación de gas.

La experiencia no constituye necesariamente una hoja de ruta para Colombia, pero sí aporta elementos a una conversación que el país tendrá que abordar considerando simultáneamente seguridad energética, impactos ambientales, desarrollo territorial, regulación, tecnología y compromisos climáticos.

Energía también significa cerrar brechas

La discusión sobre soberanía energética tiene además una dimensión social.

En Colombia, alrededor de 1,5 millones de familias cocinan todavía con leña y carbón, de acuerdo con la cifra presentada por Bayón.

La energía permite mantener funcionando un hospital, conectar un colegio a internet, movilizar personas, desarrollar actividades productivas o garantizar que un pequeño negocio pueda operar.

“Darle energía a los colombianos, a las comunidades, a las personas, es una de las maneras más potentes de cerrar las brechas”, afirmó Bayón.

El desafío para Colombia, entonces, no se limita a decidir entre fuentes tradicionales y renovables. Consiste en construir una matriz energética capaz de garantizar abastecimiento, confiabilidad, acceso y competitividad, mientras disminuye progresivamente sus emisiones y gestiona responsablemente sus impactos.

En esa discusión, las experiencias internacionales pueden ofrecer aprendizajes, pero las decisiones tendrán que responder a las condiciones ambientales, sociales, económicas y territoriales propias de Colombia.

Fuente: PACTO GLOBAL RED COLOMBIA