¿Hablar de la mujer en el fútbol es un tema de moda? O en realidad ¿es un tema al que recientemente se le ha dado visibilidad? Sobre todo, ahora que se ha generado la controversia por la protesta de las mujeres futbolistas que forman parte de la selección femenina de mayores. Protesta por la falta de garantías para que durante el segundo semestre de este 2022, se pueda realizar el torneo de la liga profesional de fútbol con condiciones que permitan un torneo competitivo y entornos adecuados para las futbolistas.

La mujer en el fútbol tiene una historia de más de cien años, en Colombia tiene una existencia de 47 años, pero apenas hace 5 años que contamos con liga femenil de fútbol profesional. Lastimosamente el fútbol femenino históricamente ha sufrido etapas de involución. En 1894 se funda el primer club femenino de fútbol en el Reino Unido, en 1902 la Federación Inglesa prohibió el futbol de mujeres y los clubes femeninos; es hasta 1971 que la UEFA pidió a los asociados organizar y fomentar el balompié femenil.

En el caso de Colombia, el fútbol femenino también ha sufrido este proceso involutivo, por ejemplo, de una liga que en su segundo año llegó a contar con 23 equipos en 2018, para el torneo del primer semestre 2022 contó únicamente con la participación de 17 clubes, y se adelanta que para el torneo del segundo semestre contaría con 8 equipos.

Cabe mencionar que esta involución tuvo mucho que ver la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol), ante la crisis que provocó el Covid -19, quitó en el año 2020, la obligación de tener un club femenino como requisito para que los equipos masculinos participarán en la Copa Libertadores. Participar en esta Copa es un fuerte incentivo (tanto de visibilidad de marca como económico) para los equipos que componen las federaciones nacionales que conforman la Conmebol. 

Cuando se habla de falta de equidad entre el fútbol masculino y femenino e involución, no solo debe pensarse en que menos clubes estén apostando por promover y profesionalizar el fútbol femenino a través de la participación en los torneos de liga, también se relaciona con la falta de continuidad, la ausencia de un calendario de los torneos, ya que cuando se termina un torneo no hay claridad de cuándo iniciará el próximo. O también, a la baja rentabilidad o costo beneficio que tiene una futbolista profesional, que debe prepararse toda su vida para un trabajo que solo la contratará dos o tres meses al año y recibirá solo el salario mínimo.

A la vulnerabilidad de lesiones, que es mayor en futbolistas debido a la falta de continuidad deportiva, lo que además se acompaña de que las lesiones sean comparativamente más graves y por tanto, con tiempos de recuperación de más de seis meses en promedio. Las brechas también son en condiciones contractuales, Manuela Acosta (futbolista profesional) menciona que la mujer mejor pagada en la historia del fútbol colombiano ha ganado nueve millones de pesos versus los trescientos veinte millones del mejor pagado históricamente en el masculino.

Peor aún, muchas de las mujeres futbolistas en equipos profesionales ni siquiera tienen una contratación formal o reciben un salario. Otra de las grandes brechas entre el fútbol femenino y masculino se encuentra en la visibilidad que se le da a las ligas, los partidos de la liga femenina se “transmiten” en plataformas como YouTube, sin narración, sin marcador y sin poder saber en qué minuto del partido se está jugando.

Ahora bien, si bien este escenario puede parecer trágico y de brechas insalvables, lo cierto es que desde diferentes ámbitos se están realizando diferentes acciones para favorecer tanto el desarrollo y profesionalización del fútbol femenino, como la equidad entre las condiciones de hombres y mujeres.  Es así como, por ejemplo, en 2022 la Federación de Fútbol de Estados Unidos de América (EUA) cambió las condiciones de sus contratos con las selecciones femenina y masculina para garantizar la igualdad salarial, así como los montos por participación en torneos y bonos por victorias. Algo que ya se había registrado en Australia y Noruega, pero que solo estaba limitado al tema salarial y no incluía nada relacionado con otras retribuciones y bonos.

A nivel internacional, la FIFA ha generado una serie de lineamientos y políticas para favorecer la equidad de género y la mejora de las condiciones en que se desarrolla el fútbol femenino, es así como 76% de las federaciones a nivel mundial tienen alguna estrategia de género. A nivel regional, la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol) hace cinco años en cabeza de Fabimar Franchi, creó la Gerencia de Desarrollo del Fútbol Femenino y Sostenibilidad para diseñar una estrategia que favoreciera el fortalecimiento y profesionalización del fútbol femenino como disciplina en la región con tres estrategias básicas: fortalecer la competencia, fortalecer el talento (formarlo) y visibilizar el fútbol femenino.

Entre las acciones que se han implementado para ayudar a implementar estas estrategias está la creación de 4 nuevas competiciones femeninas: la sub 14, la sub 16, la Fútbol Playa y la sub 19. Si bien, ya no hay obligatoriedad para que los clubs masculinos que desean participar en torneos como la Libertadores o la Sudamericana tengan equipo femenino, si es necesario que aquellos equipos femeninos que participan en las ligas femeninas de las federaciones nacionales afiliadas a Conmebol cumplan con ciertos requisitos a nivel administrativo, legal, de salud y seguridad en el trabajo, deportivo y de marketing si desean participar en torneos de la Conmebol.

Cambios que realizó en la Licencia de Clubes que además implica que gradualmente serán mayores los requisitos a cumplir, y mejoran las condiciones de las jugadoras al garantizar por ejemplo, seguros médicos, vestuarios especiales, constitución legal de los equipos, planes de entrenamiento semanales, acompañamiento de equipos técnicos y médicos, mejoras en la infraestructura, entre otras. También se incrementaron los montos de los premios, por ejemplo, para la Libertadores este año es de 1,5 millones de dólares, lo cual resulta en un incentivo para los equipos para cumplir con los criterios de la Licencia de Clubes.

A nivel de patrocinios en países como Ecuador empresas como Chubb, decidieron no solo patrocinar a los equipos femeninos, sino hacerlo con una perspectiva de género, donde se incluye el asegurarse que los patrocinios aseguran condiciones de trabajo decente para las jugadoras, como son tener una contratación formal, seguros médicos, asegurarse de tener la infraestructura adecuada como vestidores y equipos técnicos y médicos. Al mismo tiempo, se dieron cuenta que el fortalecimiento del fútbol femenino paso por el empoderamiento de la mujer, que muchas veces vienen de las regiones, por lo que se aseguran también de que tengan las condiciones de vivienda adecuadas, las capacitan para el desarrollo de habilidades blandas, las sensibilizan en relación a la violencia de género y las brechas de género, entre otros.

A nivel de las iniciativas que desde fundaciones o las mismas futbolistas buscan cambiar esta realidad se encuentran estrategias como las de la “Transformándonos” donde la jugadora profesional de fútbol Manuela Acosta y, Michelle García, Gestora Deportiva de la Fundación Falcao, tratan de aumentar el empoderamiento de la mujer a través de la resignificación de patrones, y ver el deporte como un derecho de generar condiciones de trabajo decente y seguro para todas las jugadoras de fútbol femenino tanto amateurs, profesionales, como para las niñas que se están formando.

En “Transformándonos” generan diferentes estrategias desde capacitaciones a las niñas y jóvenes que formarán las nuevas canteras, apoyando con la logística de torneos corporativos hasta la organización de un torneo propio donde participan equipos integrados por futbolistas profesionales y amateurs apoyadas de patrocinios empresariales que permitan mayor continuidad deportiva.

En resumidas cuentas, todas estas estrategias coinciden en pensar de manera diferente al fútbol femenino vs el masculino. Entienden que no se pueden simplemente replicar los modelos tradicionales masculinos, sino que se deben crear modelos que funcionen desde lo femenino. No solo con relación a temas obvios como los relacionados con la salud sexual y reproductiva que son diferentes en hombres y mujeres. Por ejemplo, una mujer puede tener mayor probabilidad de lesiones durante el periodo de menstruación o si decide tener un hijo debe esperar 14 meses en promedio para reincorporarse a su actividad deportiva con normalidad.

Para todos los que dirigen estas iniciativas para cambiar la realidad de la mujer en el fútbol, la clave es: la persistencia. La fuerte creencia de que se pueden hacer los cambios, que el fútbol femenino puede ser un “producto” que sea muy atractivo y rentable económicamente como ya se ha demostrado en otras latitudes.  Reconocer la validez de las demandas que históricamente han hecho las futbolistas colombianas, la pregunta que nos queda es ¿qué estamos haciendo como sociedad y como empresas, como patrocinadores, como hinchas del fútbol para favorecer la profesionalización del fútbol femenino? ¿para crear condiciones más equitativas para ellas? Pero, sobre todo, por lo menos, ¿qué estamos haciendo para garantizar condiciones de trabajo decente y seguras?

La pelota es una; las reglas son las mismas; pero las oportunidades no lo son y las estadísticas y los hechos no hacen sino comprobarnos esto.


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