En el mundo de la tecnología se celebra el legado de Satya Nadella, quien cumple más de una década al frente de Microsoft. En 2014 asumió las riendas en uno de los momentos más críticos de la tecnológica, cuando su valor de mercado rondaba los 300.000 millones de dólares. Hoy, la compañía ha roto récords históricos superando la barrera de los 3 billones de dólares, disputando el puesto de la empresa más valiosa del mundo y registrando un crecimiento superior al 900%. Expertos e inversionistas coinciden en que transformó una compañía destinada al estancamiento revalorizándola a través de la nube y la inteligencia artificial.
Sin embargo, el secreto mejor guardado de Nadella no estuvo en el software, sino en la cultura organizacional. Para superar la pérdida de confianza y el déficit de innovación, Nadella entendió que antes de implementar metodologías ágiles o nuevos modelos de liderazgo, necesitaba sembrar una semilla en la base: la comunicación.
Pero no cualquier comunicación. Nadella creía que los principios de la Comunicación No Violenta (CNV) eran el fundamento para construir relaciones sanas, gestionar el error y consolidar la productividad. Por eso, uno de los primeros libros que obligó a leer a su comité ejecutivo fue Communication NonViolent de Marshall Rosenberg.
Esta historia evidencia una gran paradoja: aunque la comunicación lleva décadas en el top 10 de habilidades críticas, la seguimos ignorando. En tiempos de incertidumbre, saturación digital y urgencias corporativas, la mala comunicación es la fuente principal de desconfianza, roles difusos y culturas tóxicas.
El panorama actual es alarmante. Según el Internal Communication Index 2026, la percepción sobre la calidad de la comunicación organizacional cayó 9 puntos respecto al año anterior. Menos del 49% de los colaboradores considera que los cambios se comunican con claridad. Además, el estudio revela que los empleados disponen de menos de 10 minutos al día para interactuar con comunicados institucionales; el resto es ruido.
Esta desconexión impacta directamente el negocio. Gallup reportó que la histórica caída en el índice de engagement global está relacionada en un 34% con la falta de comunicación y respeto. Los empleados exigen ser escuchados más allá de los discursos corporativos políticamente correctos. Esto ha detonado el fenómeno de la "gran permanencia": colaboradores que, por temor al mercado, conservan sus puestos, pero están emocionalmente desconectados. Permanecer no es lo mismo que estar comprometido.
No olviden…La productividad y la capacidad de explorar el futuro en las organizaciones no dependen de un memorando, sino de la calidad de las conversaciones diarias. Reconstruir el tejido empresarial post-pandemia exige que los líderes dejen de emitir directrices y comiencen, finalmente, a conectar.
La opinión expresada en esta entrada de blog es de exclusiva responsabilidad de su autor y no necesariamente reflejan el punto de vista de Pacto Global Red Colombia.
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