COCA-COLA FEMSA - FUNDACIÓN FEMSA

Ven por Agua: Vehículo potabilizador 2E-3000 en emergencias

2.2.  ODS de la Práctica:

ODS 6: Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos.

2.3. Meta(s) del ODS a la cual aporta su buena práctica:

6.1: De aquí a 2030, lograr el acceso universal y equitativo al agua potable a un precio asequible para todos.

6.2: De aquí a 2030, lograr el acceso a servicios de saneamiento e higiene adecuados y equitativos para todos.

2.4. Objetivo/s de la práctica:

Las emergencias hídricas como sequías, fallas en acueductos, desastres naturales y crisis prolongadas representan una amenaza directa al derecho humano al agua, con impactos sanitarios, sociales y económicos, especialmente en zonas rurales, indígenas y urbanas marginadas. Ante esta situación, la práctica busca brindar acceso inmediato, gratuito y seguro a agua potable en comunidades vulnerables afectadas por estas condiciones.

El vehículo potabilizador 2E-3000 fue diseñado como una solución móvil y autónoma, que permite tratar y distribuir agua en sitio, sin necesidad de usar infraestructura previa. Su objetivo es mitigar riesgos, reducir enfermedades de origen hídrico y responder de forma ágil y eficiente en situaciones críticas. Opera con enfoque territorial, adaptándose a diferentes contextos y condiciones geográficas.

La práctica se articula con autoridades locales, para asegurar una operación efectiva, culturalmente pertinente y socialmente aceptada. Además, promueve actividades educativas sobre higiene, almacenamiento y uso responsable del recurso hídrico, fomentando la corresponsabilidad comunitaria.

Desde su inicio, este proyecto ha beneficiado a más de 500.000 personas en Colombia. Su impacto directo, legitimidad territorial y replicabilidad la consolidan como una herramienta clave para avanzar en el cumplimiento del ODS 6, especialmente en escenarios de alta vulnerabilidad.

2.5. Iniciativa implementada:

Desde 2011, el vehículo potabilizador ha sido implementado como una solución de emergencia ante eventos de escasez y contaminación de agua potable. Es una unidad móvil, autónoma y versátil que capta, trata y distribuye agua directamente en sitio, evitando el uso de carrotanques o infraestructura fija. Su diseño permite operar en condiciones urbanas, rurales e indígenas.

Coca-Cola FEMSA y Fundación FEMSA coordinan la estrategia de la mano de Alcaldías, Defensa Civil, Cruz Roja, Ejército Nacional y líderes comunitarios. Esta articulación permite priorizar zonas de intervención, instalar puntos de distribución y asegurar que cada despliegue se adapte al contexto local. Se cumplen los estándares del Decreto 1575 de 2007, con controles sanitarios rigurosos y trazabilidad de cada operación.

En 2023 y 2024, intervino en Dibulla (La Guajira), La María (Valle del Cauca), Zapayán y Chibolo (Magdalena), entregando más de 1,3 millones de litros a más de 70.000 personas. En total, ha distribuido más de 14,7 millones de litros de agua desde su creación.

Cada operación incluye jornadas educativas sobre higiene, almacenamiento y uso adecuado del agua. También se entregan tanques y se promueve la participación comunitaria en la distribución, fortaleciendo la apropiación local y la sostenibilidad social.

El vehículo ha demostrado ser una herramienta replicable y eficiente. Su integración en la estrategia de seguridad hídrica de Coca-Cola FEMSA lo posiciona como un modelo adaptable y eficaz para avanzar en los ODS 6.1 y 6.2.

2.6. Gestión y Calidad:

La operación del vehículo potabilizador está basada en un modelo de gestión interinstitucional que articula a Coca-Cola FEMSA y Fundación FEMSA con autoridades locales, organismos de socorro como la Defensa Civil y la Cruz Roja, y líderes comunitarios. Esta coordinación permite identificar rápidamente situaciones de emergencia y activar la logística necesaria para garantizar el suministro de agua potable segura en zonas vulnerables.

Las rutas de operación se establecen a partir de criterios técnicos y sociales, priorizando comunidades con mayor grado de afectación hídrica, como zonas rurales sin acueducto funcional, asentamientos indígenas y territorios en situación de calamidad pública. Se evalúan factores como accesibilidad, capacidad de almacenamiento, presencia de fuentes hídricas y nivel de exposición al riesgo.

El vehículo cumple con los estándares sanitarios establecidos en el Decreto 1575 de 2007, garantizando que el agua distribuida sea apta para el consumo humano. La potabilización se realiza en sitio, lo que minimiza los riesgos asociados al transporte y almacenamiento prolongado. Cada intervención incluye mediciones de calidad del agua y control del proceso.

Además de la distribución, se desarrollan jornadas de educación comunitaria sobre higiene, almacenamiento adecuado y uso racional del recurso hídrico. Estas acciones fortalecen las capacidades locales y promueven una gestión autónoma del agua a nivel familiar y comunitario. En Chibolo, María Muñoz, lideresa comunitaria, comentó: “Con esta agua, por fin podemos cocinar y darles a los niños sin miedo”. Su testimonio refleja cómo la gestión técnica se traduce en bienestar familiar y confianza en el proceso.

La práctica se ha implementado de manera efectiva en emergencias como la avalancha de Mocoa (2017), la crisis hídrica en Dibulla (2023), la sequía en Zapayán (2024) y la falla en acueducto en Chibolo (2024), asegurando respuestas inmediatas y sostenibles. En cada caso, se realizó un despliegue técnico con base en diagnósticos rápidos y coordinación con autoridades locales, permitiendo establecer puntos estratégicos de atención, tanques de reserva y horarios de distribución equitativa.

La gestión incluye seguimiento detallado mediante bitácoras de operación, reportes de volúmenes entregados y número de beneficiarios directos e indirectos. Esta trazabilidad permite evaluar el impacto real de cada intervención y retroalimentar el modelo operativo para futuras acciones. Se mantienen canales abiertos de comunicación con comunidades y aliados, lo que garantiza una intervención participativa y ajustada al contexto local.

La práctica ha demostrado alto acogimiento por parte de las comunidades beneficiadas y es reconocida por su efectividad, agilidad y bajo requerimiento logístico. Su enfoque móvil y adaptable le permite operar en múltiples entornos geográficos y sociales, lo cual la hace replicable en otros territorios con condiciones similares. Además, su integración con estrategias más amplias de seguridad hídrica de Coca-Cola FEMSA refuerza su sostenibilidad institucional.

En conjunto, el vehículo potabilizador representa un modelo de gestión eficiente, sensible al territorio y centrado en el bienestar comunitario, que aporta soluciones concretas al cumplimiento del ODS 6 en contextos de alta vulnerabilidad hídrica.

2.7.  Innovación:

El vehículo potabilizador es una solución móvil, autónoma y especializada para emergencias hídricas. A diferencia de las plantas fijas, permite tratar agua en sitio y distribuirla de forma inmediata, sin requerir infraestructura previa. Esta capacidad lo convierte en una herramienta ágil ante crisis causadas por sequías, fallas en acueductos o desastres naturales. En 2023, benefició a 6.636 personas indígenas Wiwa en Dibulla (La Guajira) con 132.720 litros, y a 23.875 personas en La María (Valle del Cauca) con 477.500 litros. En 2024, operó en Zapayán (Magdalena), entregando 636.700 litros a 31.835 personas, y en Chibolo con 274.100 litros. La innovación no es solo técnica: cada intervención incluye acompañamiento educativo para promover prácticas de higiene y manejo seguro del agua. Su diseño permite operar en condiciones rurales, urbanas e indígenas, y en articulación con alcaldías, Defensa Civil y comunidades. Requiere pocos recursos logísticos y es adaptable a distintas fuentes hídricas. Su impacto, versatilidad y enfoque integral lo convierten en una solución replicable y efectiva. El vehículo transforma el acceso al agua potable en emergencias en una respuesta oportuna, medible y sostenible, alineada con el ODS 6.1 y el enfoque de seguridad hídrica comunitaria.

2.8.  Impacto del Proyecto:

Desde 2011, el vehículo potabilizador 2E-3000 ha entregado más de 14,7 millones de litros de agua potable en Colombia, beneficiando a comunidades afectadas por emergencias hídricas. Su capacidad para garantizar acceso inmediato, gratuito y seguro al agua ha sido clave en zonas donde el suministro convencional colapsa.

En 2023 y 2024, sus operaciones reflejaron una cobertura destacada. En Dibulla (La Guajira), distribuyó 132.720 litros de agua a 6.636 personas de la comunidad indígena Wiwa. En La María (Valle del Cauca), entregó 477.500 litros a 23.875 personas. En 2024, en Zapayán (Magdalena), suministró 636.700 litros para 31.835 personas y en Chibolo, 274.100 litros adicionales.

Entre enero y febrero de 2025, la operación continuó en Chibolo, con la entrega de 782.200 litros más. Esta intervención benefició directamente a 39.110 personas e indirectamente a 195.550, en sectores como La Pola, La Pola Pequeña, Toluas, Santa Rosa y Villa Luz. La continuidad operativa demuestra la efectividad del modelo, especialmente ante emergencias prolongadas causadas por fenómenos como El Niño y la escasez de fuentes hídricas superficiales.

Más allá del suministro, el impacto social del proyecto es significativo: reduce enfermedades de origen hídrico, mejora el funcionamiento de escuelas y centros de salud, y fortalece la resiliencia comunitaria. Las jornadas educativas promueven prácticas de higiene, correcto almacenamiento del agua y corresponsabilidad comunitaria. La participación de las comunidades en la logística local refuerza la apropiación y sostenibilidad de la práctica.

Los testimonios reflejan estos avances. Leidi Epieyú, madre Wiwa, comentó: “Los niños ya no se enferman tanto. Antes, tomábamos agua del río.” En Zapayán, Lucía Ramos, habitante del corregimiento La Pola, expresó: “Gracias a este proyecto, cocinamos, nos bañamos y llenamos los termos de los niños para la escuela.” Estos relatos evidencian cómo el acceso al agua mejora la salud, la vida familiar y la educación.

Cada intervención es registrada con rigor: litros entregados, número de beneficiarios, fechas y puntos de distribución. Esta trazabilidad permite medir cobertura, frecuencia y eficiencia, lo que fortalece la transparencia y genera confianza en aliados institucionales y comunitarios.

El vehículo potabilizador se ha consolidado como una solución única en el país: móvil, adaptable, autónoma y efectiva. A diferencia de alternativas como el agua embotellada o los carrotanques, reduce costos, elimina residuos plásticos y garantiza calidad sanitaria conforme al Decreto 1575 de 2007. Además, es una respuesta rápida, escalable y replicable.

La coordinación con alcaldías, Defensa Civil y líderes comunitarios garantiza una implementación territorial eficiente y con respaldo social. Su impacto acumulado contribuye al cumplimiento del ODS 6.1: acceso universal y equitativo al agua potable. El caso de Chibolo en 2025 lo demuestra: operación continua, cobertura masiva y reconocimiento local. Este vehículo convierte las crisis hídricas en soluciones inmediatas, sostenibles y medibles.

2.9. Sostenibilidad en el tiempo: 

El vehículo ha operado de forma continua desde 2011, demostrando sostenibilidad técnica, institucional y territorial. Su diseño robusto permite potabilizar agua en sitio con bajo requerimiento logístico. No depende de infraestructura fija y puede activarse rápidamente ante emergencias, incluso en zonas rurales o dispersas. En 2023 y 2024 operó en cuatro municipios diferentes, adaptándose a cada contexto.  Además, se entregan tanques y se desarrollan prácticas comunitarias para asegurar el almacenamiento adecuado. Las comunidades participan en la distribución, fortaleciendo la apropiación y reduciendo la dependencia externa. Su operación no requiere inversiones permanentes, solo acceso a una fuente hídrica y apoyo operativo mínimo. Esta eficiencia le ha permitido mantenerse vigente durante más de 13 años. La documentación rigurosa y la mejora continua de protocolos han reforzado su replicabilidad. Su integración en una estrategia más amplia de seguridad hídrica permite escalarlo territorialmente con aliados públicos y privados. La sostenibilidad del vehículo no solo se mide en años de operación, sino en su capacidad comprobada de responder eficazmente en situaciones críticas y continuar funcionando con autonomía y coherencia frente a los desafíos de acceso al agua potable en Colombia.

2.10. Alianzas:

La práctica opera sobre un modelo de alianzas que articula capacidades institucionales, logísticas y comunitarias. Fundación FEMSA lidera la coordinación con alcaldías, Defensa Civil, Cruz Roja y Ejército Nacional, lo que permite identificar rápidamente territorios en emergencia y activar la logística local. Estas alianzas son fundamentales para definir rutas, distribuir tanques, garantizar el almacenamiento del agua y asegurar cobertura equitativa. En 2023, las alianzas permitieron intervenir en Dibulla y La María; en 2024, en Zapayán y Chibolo. En todos los casos, las autoridades locales facilitaron el acceso a las zonas, priorizaron población vulnerable y apoyaron la comunicación comunitaria. Además, se ha generado corresponsabilidad local: la comunidad participa en el almacenamiento, distribución y monitoreo, fortaleciendo la sostenibilidad social de la práctica. Las jornadas educativas, coordinadas con instituciones locales, refuerzan los conocimientos sobre higiene y uso responsable del agua. Este enfoque colaborativo no solo mejora la eficiencia operativa, sino que genera legitimidad social y alto grado de aceptación. Las alianzas hacen posible que el vehículo potabilizador se mantenga activo, replicable y adaptado a cada territorio. Esta estructura multiactor demuestra que la solución es más efectiva cuando se basa en trabajo conjunto y confianza entre sector privado, autoridades y comunidades.